Lo primero que tenemos que hacer es separar las claras de las yemas. Mezclamos las yemas con el azúcar y añadimos el aceite de girasol, el zumo y la ralladura de limón. Cuando todos estos ingredientes están bien integrados, añadimos la leche y volvemos a batir.
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Tamizamos la harina y la levadura y lo añadimos a la mezcla anterior, integrándolo todo bien para que nos quede una masa sin grumos.
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Batimos las claras a punto de nieve y las vamos añadiendo a la mezcla en 2 o 3 veces. Para incorporarlas realizamos movimientos envolventes, de esta manera no perdemos la textura de punto de nieve de las claras y nuestro bizcocho será mucho más esponjoso.
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Colocamos la masa en un molde para horno previamente engrasado, y lo dejamos cocer algo menos de media hora. Para estar seguros de que está bien cocido, podemos introducir la punta del cuchillo en la masa y si sale limpio, está listo.
¡No tenéis excusa para no hacer este bizcocho tan sencillo y con tanto sabor!
¡A disfrutar!